lunes, 19 de septiembre de 2016

VAN GOGH, MAYO Y LOS LIRIOS

El ocho de mayo de 1889, Vincent van Gogh ingresaba voluntariamente en el hospital psiquiátrico de Saint-Paul de Mausole, próximo a Saint-Rémy de Provence. A sus treinta y seis años van Gogh había asumido plenamente el "oficio de loco" y, ante la imposibilidad de seguir viviendo en la Casa Amarilla -ahora llamada "del loco"- a la vez que aterrado por la proximidad de los calores del verano, había suplicado a su querido hermano Theo ser internado en un manicomio.

Desde el mismo momento de su llegada van Gogh se sintió a gusto en su nuevo alojamiento. Escribe a Theo: "Quisiera decirte que creo haber hecho bien en venir aquí, primero porque al ver la <realidad> de la vida de los locos o chalados diversos en esta <ménagerie> pierdo el vago temor, el miedo de la cosa."  Sin embargo a lo largo del mes de mayo permanece en observación médica y no sale fuera del recinto hospitalario, pintando exclusivamente en el jardín del viejo convento agustino abandonado y ahora reconvertido en sanatorio psiquiátrico. Con fecha 25 de mayo, escribe de nuevo a su hermano: "Me veo obligado a pedirte algunos colores y, sobre todo, tela. Cuando te envíe las cuatro telas del jardín que tengo en preparación, comprenderás, teniendo en cuenta que me paso casi todo el tiempo en el jardín, que mi vida no es tan triste." 




Una de esas telas del jardín es el impactante "Irises" (lirios) cuya copia he llevado a cabo recientemente y que ilustra estas líneas. Un espectacular estudio de cómo explota la naturaleza en mayo, tejiendo una multiforme trama de hojas sobre las que descuellan enhiestos los lirios, en una sinfonía de azules y violetas contra el verde luminoso de la pradera salpicada de toques amarillos, rojos y anaranjados de una multitud de florecillas. Un "estudio" que, a pesar de denominarlo así, mereció no obstante la firma "Vincent" en el ángulo inferior derecho del cuadro, lo que demuestra que al propio autor le debió parecer suficientemente digno de tal mención. Desde luego, a quien le pareció magnífico nada más verlo fue a su hermano Theo. Ese mismo año lo presentó en el Salón de los Independientes de París, en el cual una vez más tampoco obtuvo éxito alguno.

Vincent van Gogh se quitó la vida al año siguiente, el 29 de julio de 1890, en medio de una crisis existencial marcada por el remordimiento de ser una carga para su hermano y la febril obsesión por pintar como medio de escape de su profundo desequilibrio. Theo le seguiría a la tumba seis meses después. La correspondencia mantenida entre los dos hermanos constituye un precioso legado literario desde el punto de vista formal y, en su sentido profundo, de amor fraterno.

El año siguiente a la muerte de van Gogh el escritor y crítico de arte Octave Mirbeau adquirió "Irises" por trescientos francos. Cien años después, en febrero de 1990, un coleccionista suizo ofreció sesenta millones de dólares por la obra. Su propietario, el Museo Paul Getty de Malibú (California) ni siquiera consideró la oferta.