miércoles, 30 de mayo de 2018

1940's (Pollock's way)

En los últimos días del año 1943 un joven pintor se debatía angustiado ante el inmenso vacío de un lienzo de 2,43 metros de alto y algo más de 6 de largo perfectamente en blanco, para cuya creación contaba con el alcohol y el tabaco como únicos aliados artísticos. 

Varios meses habían transcurrido ya desde que la mismísima Peggy Guggenheim -debidamente persuadida por Marcel Duchamp- encargara a un tal Jackson Pollock un mural por 150 $ mensuales, tan insignificantes para ella como vitales para un artista aún desconocido, pero cuya técnica "dripping and pouring" resultaba fascinante por la libertad creativa derivada de la pintura libremente derramada sobre el lienzo. Entusiasmado con el encargo, el joven Pollock no dudó en derribar tabiques en su estudio neoyorquino para acoger semejante lienzo, destinado a asombrar a los invitados de la nueva casa de Peggy en Manhattan. 

El problema fue que, una vez delante del gigantesco lienzo, Pollock se quedó literalmente bloqueado. De nada servían los días y noches en busca de ideas, ni los gritos histéricos de su compañera Lee Krasner, desesperada por la pasividad de su futuro esposo ante un trabajo con el que se jugaba todo su prestigio. 

Alertada por el nulo avance de la obra, Peggy Guggenheim lanzó un ultimatum a Pollock: el mural debería ser entregado antes de la fiesta que daría en su casa el próximo mes de enero o, de lo contrario, su contrato pasaría a ser historia. 

La noche antes de vencer el contrato, la Krasner se hallaba presa de un ataque de cólera. Su vida junto a Pollock se derrumbaba, al tiempo que la miseria económica y la ruina artística se cernían sobre ellos. Agotada y fuera de sí, la mujer optó finalmente por irse a dormir. 

Nadie sabe qué pasó aquella noche. Lo cierto es que, al levantarse a la mañana siguiente, Lee Krasner se quedó boquiabierta ante la sinfonía de verdes, rojos y amarillos, enmarcados por antropormórficos trazos negros, que conformaban un espectacular mural como nunca antes se había visto. La leyenda de Jackson Pollock ya no dejaría de crecer.

El 11 de agosto de 1956 Jackson Pollock, perfectamente borracho, estrellaba su automóvil contra un árbol, acabando así en coherencia con sus cuarenta y cuatro años de vida azarosa y desarraigada. Mi modesto homenaje hacia él es este cuadro titulado "1940's", por reflejar en toda su crudeza una década marcada por los horrores de la guerra y los conflictos personales, pero también por una explosiva creatividad nunca antes alcanzada: el estilo de Jackson Pollock.






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miércoles, 28 de febrero de 2018

ATARDECER EN CUATRO TORRES

Acrílico sobre cartón. 

Apenas unas pinceladas bastan para sugerir la magia de la puesta del sol recortándose tras las madrileñas Cuatro Torres.

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