miércoles, 31 de mayo de 2017

LUCES DE LA CIUDAD

La tarde bebe sombras en el centro de la ciudad y al mismo tiempo la luz del día va dando paso a una luz nueva, diferente, en la que el paisaje urbano adquiere un brillo singular, y al que la noche sirve de negro telón de fondo.




Se encienden los faroles -esos viejos faroles decimonónicos que nuestros tatarabuelos nos dejaron como reliquias de su época- y la oscuridad del urbano casco histórico salta hecha añicos rutilantes, resplandecientes, que caen hasta un suelo ávido de luz. Y el viejo farol vuelve una vez más a ser mudo testigo de la fugaz confidencia, de un beso robado, de los ecos de una canción.



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