Momiji o el otoño en Japón
Cada otoño los japoneses se ponen en camino siguiendo la estela roja de sus bosques de arces
Si algo caracteriza a la cultura japonesa es su pasión por la naturaleza y, más concretamente, su amor al árbol, del que el bonsai es sin duda la expresión más difundida en todo el mundo.
Menos conocida quizá, pero no por ello menos acendrada en los japoneses, es su pasión por los bosques y la coloración que adquieren según la especie de que se trate y la estación del año en que nos encontremos. El rojo encendido de las hojas de arce en otoño, en japonés "momiji", es una de las manifestaciones naturales más queridas por los nipones. En los boletines meteorológicos de todo Japón hay un espacio en los meses otoñales dedicado a seguir la evolución del color de los arces a lo largo y ancho del país. Allá donde los bosques se van tiñendo de un rojo encendido se desplazan los japoneses para pasear bajo la bóveda escarlata del arce japonés, disfrutando de la Naturaleza con esa especial sensibilidad que ellos poseen y que les lleva a unirse en íntima comunión con el árbol y todo lo que de belleza, fuerza y longevidad contiene.
Esta es mi última visión del "momiji". A pesar de que carezco de la ancestral sensibilidad japonesa, creo que mi visión occidental de la naturaleza no es óbice para que haya logrado expresar mi profunda admiración por la belleza del arce japonés y su rutilante explosión de color otoñal.

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